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Psicodevelación
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Bitácora de Psicodevelación: Reconocer mi Por Dónde
Esta semana, al observar con sinceridad los movimientos de mi realidad, me detuve a reconocer desde qué lugar estoy operando mis decisiones cotidianas. Me sorprendió descubrir que muchas de mis elecciones (agendas, pensamientos, estados emocionales) nacen no desde un propósito luminoso, sino desde el eco de una programación más antigua: el miedo, la urgencia, la enfermedad, la inseguridad.
Por ejemplo, anoté en mi tabla interna que organizo mi agenda para evitar un problema, que pienso en mi cuerpo como un posible enfermo, y que muchas veces reacciono desde la ansiedad o la desesperanza. Todo eso me deja, inevitablemente, en un “por dónde” que podríamos llamar infierno: opero desde una lógica de peligro, insatisfacción e incoherencia. Dudar de mí se ha convertido en el suelo desde donde piso, el filtro desde donde leo el mundo. Ese “por dónde” genera mi realidad.
Sin embargo, también pude escribir el reverso. Descubrí que cuando me paro en un lugar distinto —el de la conciencia del paraíso—, puedo habitar otra narrativa: disfrutar con plenitud los momentos, sentir que soy salud, actuar con valentía, reconocerme creativa y generosa. En ese otro “desde dónde”, ya no necesito defenderme, sino abrirme. No tengo que escapar, sino confiar. El “por dónde” de este otro lado es la confianza, la integración, la entrega a lo que verdaderamente deseo experimentar.
Reconocer estas dos caras en mí, en acto, fue revelador. Comprendí que el “por dónde” no es algo externo, sino el campo emocional y simbólico que estoy habitando. Y que puedo elegir. Que “dudar de mí” no es un destino inevitable, sino un signo de alerta: si lo detecto, puedo transformar mi realidad en ese instante.
Este ejercicio me deja con una clave poderosa: el “por dónde” es un síntoma de adónde me estoy dirigiendo sin saberlo. Y si quiero cambiarlo todo, tengo que comenzar reconociendo con radical honestidad desde dónde estoy actuando... y elegir de nuevo.
Esta semana, al observar con sinceridad los movimientos de mi realidad, me detuve a reconocer desde qué lugar estoy operando mis decisiones cotidianas. Me sorprendió descubrir que muchas de mis elecciones (agendas, pensamientos, estados emocionales) nacen no desde un propósito luminoso, sino desde el eco de una programación más antigua: el miedo, la urgencia, la enfermedad, la inseguridad.
Por ejemplo, anoté en mi tabla interna que organizo mi agenda para evitar un problema, que pienso en mi cuerpo como un posible enfermo, y que muchas veces reacciono desde la ansiedad o la desesperanza. Todo eso me deja, inevitablemente, en un “por dónde” que podríamos llamar infierno: opero desde una lógica de peligro, insatisfacción e incoherencia. Dudar de mí se ha convertido en el suelo desde donde piso, el filtro desde donde leo el mundo. Ese “por dónde” genera mi realidad.
Sin embargo, también pude escribir el reverso. Descubrí que cuando me paro en un lugar distinto —el de la conciencia del paraíso—, puedo habitar otra narrativa: disfrutar con plenitud los momentos, sentir que soy salud, actuar con valentía, reconocerme creativa y generosa. En ese otro “desde dónde”, ya no necesito defenderme, sino abrirme. No tengo que escapar, sino confiar. El “por dónde” de este otro lado es la confianza, la integración, la entrega a lo que verdaderamente deseo experimentar.
Reconocer estas dos caras en mí, en acto, fue revelador. Comprendí que el “por dónde” no es algo externo, sino el campo emocional y simbólico que estoy habitando. Y que puedo elegir. Que “dudar de mí” no es un destino inevitable, sino un signo de alerta: si lo detecto, puedo transformar mi realidad en ese instante.
Este ejercicio me deja con una clave poderosa: el “por dónde” es un síntoma de adónde me estoy dirigiendo sin saberlo. Y si quiero cambiarlo todo, tengo que comenzar reconociendo con radical honestidad desde dónde estoy actuando... y elegir de nuevo.
